“Trescientas sesenta y cinco primaveras”: una poesía sobre el amor que florece cada día
La columna “Tinta en Libertad” presenta una emotiva poesía sobre el amor, la entrega y los sueños compartidos a través de la metáfora de una rosa.
La literatura encuentra en las metáforas una de sus formas más bellas de expresar los sentimientos humanos. En esta nueva entrega de la columna “Tinta en Libertad”, la rosa se convierte en símbolo del amor, la dedicación y la capacidad de sanar a través del afecto.
El poema retrata a un jardinero enamorado que, con paciencia y entrega, cuida una rosa durante cada día del año. En sus pétalos deposita deseos; en su tallo, sueños; y en cada gesto, la esperanza de construir una historia capaz de trascender el tiempo.
La obra propone una mirada romántica sobre los vínculos, destacando la importancia de acompañar, proteger y ayudar a sanar las heridas del alma. Una poesía que celebra el amor como acto cotidiano y como fuerza transformadora.
Trescientas sesenta y cinco primaveras
Regó una rosa por ella,
durante trescientos sesenta y cinco días
para apreciar el brillo de su mirada,
en cada pétalo escondió un deseo
y en su tallo entrelazó un puñado de sueños
con la misma fuerza
con la que gritó su amor,
para que recorriera el mundo entero.
Con cada beso
le arrancó una por una
todas sus espinas
para sanarle el alma,
Y con cada caricia
cicatrizó cada una de sus heridas.
Cuidó de esa rosa
más que a su propia vida.
Él era un jardinero
enamorado de su alma viajera
y ella, ¡Oh, ella era una bella dama!
Que le regaló trescientos sesenta y cinco primaveras.











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